sábado, 9 de noviembre de 2013

Cuarteles de invierno.

Y sin embargo,
como ya se dijo,
la vida sigue,
y todo sigue,
y sigue el dolor infinito
y viene esa certeza
de que caduca este paréntesis,
esta dulce tregua
que fue buscar tus manos en tus ojos,
reescribir gestos,
vivirse un poco,
ser ese otro posible,
tan del todo imposible,
que podía
ser contigo.

Ahora
que se cuentan los minutos finales
seguirán los silencios tan de siempre,
la espera amontonada
de encontrarte en los caminos,
siéndome sin saber serme,
ese conjunto de esperanzas
que persisten todavía,
atrapadas,
rotas,
aquí abajo.

Ahora no habrá pasado
más que tiempo,
más que tú,
acumulándote en los rincones y en los reojos,
agazapada, dulce como siempre,
tan en la distancia,
en las veredas de la memoria,
en las canciones y los paseos,
en la lluvia desde otra parte,
tan desde el principio,
la voz suave,
las manos en los bolsillos,
y un puñado de gente.

Ahora,
que toca reescribirte y reinventarme,
hacer de la nada una historia,
hacer de la historia una promesa,
mirar
ese cementerio de naves todavía ardiendo,
acumular errores,
continuar prisionero
de ser simplemente humano,
como una excusa o una condena,
como si no fuese la cosecha
de toda esta arena al viento,
de cada uno de los pasos,
de, como ya se dijo,
"ser y no saber nada,
y ser sin rumbo cierto."



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